Si existe un género en particular que ha gozado de éxito en la etapa dorada de Nintendo DS, sin duda este ha sido las aventuras/puzles de entregas de reconocido prestigio como El Profesor Layton, Ace Attorney o Phoenix Wright. De la mano de SEGA, ahora nos llega Rhythm Thief y el Misterio del Emperador,un particular juego donde pondremos a prueba gran parte de las funcionalidades de nuestro cerebro y de la portátil de Nintendo, a ritmo de baile, humor y grandes dosis de misterio.
La fisionomía de un juego independiente tiene ciertos valores comunes a todas sus producciones, por un lado, nos referimos a un juego de presupuesto limitado donde prima la jugabilidad y la originalidad de la propuesta ante los estándares que generación tras generación marcan las grandes editoras de ocio interactivo. Pero no nos equivoquemos, muy pocas de las propuestas independientes permiten disfrutar de una experiencia completa, original y divertida. Estos pocos referentes suelen llegar a las plataformas de descarga digitales de las actuales consolas aupados por los propios jugadores y unas razonables cuentas de beneficios. FEZ retrata perfectamente todos estos conceptos, expandiendo incluso su carácter independiente con las polémicas formas de su creador, líder de la desarrolladora canadiense Polytron. Aunque FEZ comenzó a gestarse en 2007, ya empezó a coger fuerza antes de ser lanzado, recibiendo varios premios otorgados por otros desarrolladores, que contemplaban estupefactos el desarrollo de esta genial idea, aunque se presentara varios años seguidos a los mismos festivales con el mismo proyecto.

Deep Silver ha sido la encargada de lanzar en nuestro país uno de los últimos juegos nipones demandados por el público occidental, Catherine, una obra de Atlus que se aleja de las mecánicas de juego profundas que definen a la compañía para regalarnos una divertida comedia de enredos a lo japonés, porque no nos engañemos, sobre el plano Catherine es un puzle con una seductora máscara de rudimentaria simulación de citas que tanto gusta a los nipones, y que en esencia, se dedica a indagar en las complicaciones de una relación amorosa con tintes cómicos. A su favor tiene todo lo demás: una divertida historia de enredos muy bien ligada, una magnífica presentación gráfica, una banda sonora acertada, una original mecánica de juego y muchos corderos pecadores.


Ya en 2007 el planteamiento que presentaba Puzzle Quest: Challenge of the Warlords sorprendió a propios y extraños con una mezcla de géneros que hasta el momento parecía imposible. La extraña conjugación de un juego de puzles combinado con una interesante historia, que no trama, y muchos toques RPG. Ahora tres años después nos llega la segunda parte, que intenta conservar las mismas líneas que dieron fama a la franquicia